Eva Mª Ramos Frendo
LA MUJER Y EL DEPORTE EN EL MUNDO CLÁSICO:
El deporte, desde sus orígenes, ha sido una actividad más ligada al mundo de los masculino. En Creta, isla del sur de Grecia, ubicada en el mundo Egeo, donde se desarrolló una de las civilizaciones del mundo prehelénico, la minoica (2.000-1600 a.C.) parece ser que no se daba esta discriminación. Así podemos observarlo en la pintura al fresco que decoraba una de las salas del ala este del palacio de Cnosós, donde se nos plasma la participación tanto de hombres como de mujeres por igual en el denominado salto del toro o taurokathapsía, una actividad de carácter ritual.
Pero si nos remontamos a la Grecia clásica, lugar y época en la que se originaron los juegos olímpicos, vemos como la participación de la mujer era totalmente nula, teniendo incluso prohibida su asistencia como espectadora. Esto queda claramente reflejado en el arte donde, frente a la continua aparición de jóvenes atletas en escultura, relieve o pintura, apenas encontramos imágenes de mujeres que estén realizando pruebas deportivas y, hasta la llegada de Praxíteles en el siglo IV a.C., ni un solo desnudo completo de mujer.
En el mundo clásico la mujer fue, en todo momento, considerada diferente al hombre, inferior físicamente y más pasiva, por lo que se la alejó de toda actividad física. Su lugar era el ámbito de lo privado, el hogar, por lo que no debía salir fuera a realizar actividades como el deporte, destinado sólo al varón. Ante esta generalidad encontramos algunas excepciones.
- La realidad:
Tenemos conocimiento de unas pruebas atléticas, las pandemías o carreras de mujeres, que se celebraban cada cuatro años en honor de la diosa Hera (la esposa de Zeus) y en el mismo Santuario de Olimpia (lugar donde se realizaban los juegos en honor de su esposo). Estas carreras tenían lugar fuera del calendario de las Olimpiadas y, a diferencia de los varones, las realizaban las mujeres vestidas. En dicha competición participaban, según nos relata Pausanias, aquellas jóvenes que habían participado en el tejido un peplo (vestidura propia de las mujeres griegas que se llevaba sobre el resto de la ropa) para la diosa. Las corredoras irían con el cabello suelto y con una túnica que les llegaría por encima de las rodillas, dejando el hombro derecho al descubierto.
En culturas como la espartana la mujer recibía desde niña la misma educación que el hombre, practicando hasta la juventud los mismos deportes y ejercicios físicos, lo que llevó a que los escritores trágicos de la época censuraran a dichas mujeres por abandonar la casa y competir desnudas en la palestra con los jóvenes. No obstante, dicha práctica no era por la búsqueda del beneficio de la mujer, sino para conseguir que las mismas parieran hijos fuertes.
- La teoría:
Sin embargo, el filosofo Platón, en el libro V de su obra República, a diferencia de sus coetáneos, sí se mostraba partidario de que la mujer recibiera la misma educación que el hombre, incluyendo la práctica de la gimnasia, actividad que ejercitarían en la palestra desnudas del mismo modo que los varones. Igualmente, en su obra Leyes expondrá que la educación hasta los 6 años sea común para niños y niñas, pudiendo las niñas, que se crea conveniente, aprender el manejo del arco, la jabalina y la honda. Además, considera que las mujeres deben practicar, igual que los varones, la equitación y la gimnasia.
- La mitología:
Del mismo modo, si nos acercamos a la mitología griega nos encontramos con personajes como las amazonas, la diosa Diana o Atalanta, que desempeñan actividades masculinas y muy relacionadas con el mundo del deporte.
. Las Amazonas: eran un pueblo de mujeres guerreras que se caracterizaban por su fuerza y valentía. Estaban gobernadas por una reina y habitaban sin hombres. Solo se unirían con extranjeros u hombres de reinos vecinos una vez al año buscando descendencia femenina. En caso de nacer un hijo varón se librarían de él, bien matándolo o en otros casos dejándoles cojos o ciegos, tras lo cual los convertían en sirvientes. Entre sus actividades más destacadas estarán la equitación, el manejo de la lanza y el tiro con arco para luchar en las batallas (prácticas que tienen un carácter deportivo en la edad contemporánea).
. Diana: Diosa romana, denominada Artemis en el mundo griego, hija de Júpiter y Leto, se asemeja en ciertos aspectos a las amazonas, pues también tiende a vivir alejada de los hombres en bosques y espacios salvajes. Será una gran cazadora y para ello empleará el tiro con arco.
. Atalanta: Hija de un rey de Arcadia que la abandona al nacer, se criará con cazadores y se consagrará a la diosa Diana. Se asemeja a la anterior en su práctica de la cacería lo que la lleva a ser amazona y tiradora de arco, pero sobre todo destacará por su condición de atleta, ya que es una mujer que se ejercitará frecuentemente en la carrera, lo que la llevará a ser una gran rival de todo hombre que la retara. De hecho, será contraria a contraer matrimonio, dado que un oráculo le había aconsejado que desconfiara de casarse. Por esta razón decidió que tan sólo se casaría con aquel que la derrotara en una carrera, segura de su valía en dicha actividad. Aquel que era vencido tendría que pagar con su vida. Sólo un joven, Hipómenes, ayudado por la diosa Venus, logró vencerla, utilizando para ello una estrategia que hizo entretener a Atalanta.
Estas serían las tres excepciones que podemos encontrar dentro de la mitología griega, pero en el resto de los casos, al igual que en el mundo real, los personajes femeninos se mantendrá alejados de la práctica de los deportes, mientras para el hombre o dioses formará parte de su cotidianeidad.
LA MUJER Y EL DEPORTE EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA:
La preocupación por la forma física a través de los deportes y las competiciones buscando a aquellos vencedores que se consideraban como unos bendecidos por los dioses desapareció tras el mundo clásico. La vuelta a las actividades deportivas, ya de forma totalmente profana, sin tener relación con ningún hecho religioso, no se retomó hasta el siglo XIX. Esta vuelta al cultivo del cuerpo y el desarrollo de las diferentes pruebas, sus reglas, accesorios, etc. tuvo lugar en los colegios universitarios anglosajones. En este ámbito se desarrollaron las diversas modalidades del atletismo, la natación, el remo o la hípica. También deportes de equipo como el fútbol, el rugby o el hockey u otros como el tenis, el criquet o el boxeo tuvieron también su origen en Inglaterra.
El deporte, del mismo modo que había ocurrido en el mundo clásico, se insertó en la vida cotidiana, pero sólo en la de los grupos sociales más privilegiados. Desde Inglaterra se extendió al resto de Europa, convirtiéndose en una actividad para los momentos de ocio que, además, contribuía a las relaciones sociales.
Pero, tanto en el país de origen como en los de destino, igual que ocurriera en la antigüedad, la adopción de estas prácticas estuvo, en todo momento, más ligada al mundo de lo masculino. La imagen de la mujer que se tenía en esos momentos, fundamentada en los textos médicos y religiosos, era la del “ángel del hogar”, un ser frágil y pasivo que debía desarrollar su vida en el ámbito de lo privado, dedicada a su principal misión, la maternidad.
Se seguía, por tanto, manteniendo las mismas creencias que ya se daban en el mundo clásico y que llevaban a recluir a la mujer en el hogar, alejándola de la esfera pública y de las actividades consideradas más propias del varón, entre ellas la práctica deportiva. La perpetuación de este modelo de mujer y su reclusión dificultó, enormemente, el acceso de las mujeres a actividades que se consideraban nocivas, dada su condición, y que interferían en su papel de madres y educadoras.
Nada más nos tenemos que fijar en las palabras del francés Pierre de Coubertin, principal responsable de la creación de los Juegos Olímpicos modernos, quien en 1898, exponía que el papel que debía jugar la mujer en dichos juegos era el de coronar a los vencedores con las guirnaldas del triunfo y nada más, puesto que su presencia en los estadios ejercitando las pruebas deportivas resultaría antiestética. Pero dicha opinión no impidió que en los juegos de años posteriores la mujer fuera participando en algunas pruebas (1902, París, pruebas de golf y tenis, 1908, Londres, tiró con arco), hasta lograr que poco a poco su presencia fuera más habitual, pero siempre en menor número que los hombres y no en todas las modalidades deportivas.
La Primera Guerra Mundial será un hecho decisivo para las mujeres de los países participantes, ya que dicha contienda obligó a muchas mujeres a abandonar el hogar y sustituir a los varones en sus puestos de trabajo. Muchas de estas mujeres fueron asumiendo roles masculinos y, tras el hecho bélico, comenzaron a modificar tanto su aspecto físico como sus costumbres. Tras todo lo sucedido era difícil volver a la situación anterior como si nada hubiera pasado.
Se fue desarrollando un nuevo modelo de mujer: la “garçonne” en Francia, la “flapper” en Inglaterra y la “modern woman” en Norteamérica. Se trató de mujeres que adoptaron un aspecto totalmente diferente al vigente hasta entonces, masculinizado en opinión de muchos moralistas de la época. La nueva mujer abandonó el corsé y las faldas acampanadas y optó por unas faldas en forma de tubo que ocultaban las curvas femeninas y que, hacia la década de los veinte, se hicieron cada vez más cortas, no tapando más allá de la rodilla, y, como golpe final, se cortaron el pelo. Unido a este cambio de imagen surgió la incorporación a nuevas actividades, hasta entonces destinadas con exclusividad a lo masculino, como el fumar, conducir automóviles o la práctica de los deportes, aunque buscando siempre los que se consideraban más apropiado para el sexo femenino.
PLASMACIÓN DE LA MUJER DEPORTISTA EN EL ARTE EUROPEO, BREVE APROXIMACIÓN:
Esta nueva mujer deportista fue plasmada por artistas de diferentes movimientos vanguardistas de la época: Expresionistas, Futuristas, Cubistas, Surrealistas, etc. La mujer patinadora sería reflejada por el expresionista Kirchner (“Patinadores” (1924-25)), coincidiendo la creación de esta obra con la celebración de los primeros Juegos de Invierno con sede en Chamonix, donde el patinaje se encontró entre las modalidades presentadas a concurso. Tras los segundos Juegos de Invierno, celebrados en 1928 en Saint Moritz, la pintora Tamara de Lempicka nos plasmó a una joven ubicada en estos parajes, posiblemente practicando el esquí (“Saint Moritz” (1929)).
Los surrealistas y futuristas nos dejaron también varias imágenes de mujeres ejecutando actividades deportivas (“Muchacha haciendo educación física” de Miró (1932), “Las nadadoras” de Carlo Carrà (1910-1912) o “Las nadadoras” (1941) de Léger) o simplemente posando con los atuendos adecuados a cada modalidad (“La bañista” de René Magritte (1923), “La nadadora” (1929) de Picasso).
RECEPCIÓN DEL MODELO DE MUJER DEPORTISTA EN ESPAÑA:
Mientras en diversos países europeos (Inglaterra, Francia, etc.) y en Norteamérica este nuevo icono se hizo cada vez más habitual, la mujer en España lo tuvo bastante más complicado, viendo, por muy diferentes factores, más frenados sus avances dentro de la sociedad. En nuestro país el modelo decimonónico estaba fuertemente aferrado y desde muy diferentes ámbitos (medicina, derecho, religión, etc.) se defendía el mantenimiento de dicho icono, rechazando la nueva mujer moderna, por poner ésta en peligro con sus actividades el cumplimiento de los considerados principales deberes del género femenino, donde la maternidad ocupaba el primer y casi exclusivo lugar.
Sólo un número reducido de mujeres adoptarán, a comienzos del siglo XX, el modelo importado y comenzarán, entre otros muchos cambios, a incorporar los deportes en su vida diaria. Esta nueva mujer se consolida, sobre todo, durante la II República, donde se verá con buenos ojos que las mujeres españolas se identifiquen con el modelo vigente en el resto de Europa. Las revistas de la época inician, por esas fechas, un gran debate acerca de la conveniencia o no de que la mujer realice actividades deportivas. Poco a poco se va difundiendo el mensaje de que el ejercicio físico es bueno para la salud de la mujer y, a la vez, se van mostrando los vestuarios más adecuados para dichas prácticas. No obstante, los sectores más conservadores, aun sabiendo lo beneficioso del deporte para la salud, se siguieron oponiendo al considerar que el mismo no favorecía a la moralidad femenina y además tendía a masculinizarlas. Esta nueva mujer será conocida como mujer “chic” y su imagen se hará habitual en la prensa ilustrada, la publicidad y los carteles, aunque sin desaparecer en ningún momento el modelo tradicional.
PLASMACIÓN DE LA MUJER DEPORTISTA EN ESPAÑA:
La mujer deportista en España se hará visible a través de diferentes medios. Por un lado, la fotografía dejará, en las revistas ilustradas, numerosas imágenes que nos presentan a las jóvenes en acción, normalmente cuando se trata de deportistas extranjeras. En el caso de España, se nos mostraban a las participantes a un determinado evento deportivo, pero no en el momento de la realización del mismo, sino posando una vez que éste había concluido. De esta manera podemos ver retratadas a las jóvenes y damas de la alta sociedad española que participaban dentro de los eventos que se realizaban en los festejos locales (concursos de tenis, regatas y natación serán los más frecuentes entre las clases aristocráticas).
En este mismo medio de las revistas ilustradas, se hará cada vez más numerosa la imagen de la mujer deportista, conviviendo con el modelo tradicional, en los anuncios publicitarios de muy diversos productos (Jabón Heno de Pravia o Colonia Añeja, ambas de la Perfumería Gal, Jabón “La Toja”, Listerine, camaras de fotos Kodak, automóviles Lincoln o Studebaker, Artículos de Sport Stadium, el jarabe Hipofosfitos Salud, flotadores Caracol, Pildoras Circasianas, neumaticos Fisk, etc.) en los que nos encontramos con nadadoras, tenistas, amazonas, conductoras de automóvil, golfistas, corredoras y tiradoras de arco.
El cartel será otro importante medio de difusión de la imagen de la mujer deportista donde, bien con fines publicitarios de determinados productos o con la misión de anunciar las fiestas de verano o invierno de las diferentes localidades, utilizarán este icono quizás, en muchos casos, como objeto de reclamo, pero, a su vez, contribuyendo a hacer más familiar esta imagen que se introduce tímidamente entre el colectivo social, frente al modelo tradicional que se mantendrá con bastante más fuerza.
Finalmente, tendremos algunos ejemplos pictóricos, (como la bañista del gaditano Felipe Abarzuza), pero muy escasos si comparamos con el resto del panorama europeo. En contadas ocasiones la mujer deportista será plasmada por los artistas de nuestra nación en obras pictóricas y, cuando así ocurra, será más bien de la mano de aquellos que, en contacto continuo con las culturas foráneas, han ido asimilando de fuera de nuestra nación esta mujer moderna que ejercita su cuerpo.
Además de las imágenes, la palabra escrita sirvió para difundir opiniones muy diversas en relación a la mujer y los deportes. De este modo, Telmo Luco, cronista de deporte de La Unión Ilustrada de Málaga, se quejaba, en 1909, de lo lentamente que se iba animando el Club Gimnástico de dicha localidad y de la falta de ánimo de la juventud malagueña para la realización de deportes y ejercicios. Pero, sin embargo, a continuación mencionaba haber observado en el barrio de la Caleta a niños y señoritas patinando en una pista del Hotel Hernán Cortés, cercana a otra de Lawn Tennis, y, ante la visión de los iconos femeninos, pasaba a recomendar a dichas jóvenes que, dada la falta de higiene de dicho deporte, lo sustituyeran por otro, siempre y cuando no fuera la bicicleta. Por lo tanto, era necesario alentar la práctica de deportes en Málaga, pero cuando las protagonistas eran mujeres siempre aparecía algún pero o crítica al respecto por parte de algunos sectores.
Una década después, en 1922, publicistas y médicos recomendaban a las mujeres que practicaran “numerosos ensayos de educación física racional”. Se quejaban del poco cuidado que tenían las españolas por su cuerpo, pero, por otro lado, se aludía a que dichas actividades, tan aconsejadas para la buena salud, se podían convertir en un espectáculo carente de moralidad que repercutiría negativamente en la honorabilidad de las mujeres. Esa, según el artículo, sería la causa de que algunas jóvenes no se atrevieran a realizar estos ejercicios físicos. Por tanto, se animaba a estas prácticas, pero se quería evitar la difusión de la imagen de la mujer deportista, no realizando concursos de dichas actividades (natación, salto, etc.) que serían los responsables de que el deporte pasara a convertirse en espectáculo para personas malsanas.
En el año 1928, en la misma revista, en su sección dedicada a las mujeres (“Páginas para la mujer”), se recomendaría el ejercicio físico al aire libre, junto con otra serie de prácticas, para conseguir la hermosura de la mujer, con lo que podemos apreciar que poco a poco se iba reconociendo lo saludable que las actividades deportivas eran para el género femenino, transformándose así, poco a poco la visión que se tenía en el siglo anterior.
En 1925, la revista Blanco y Negro realizaba un repaso a algunos de los deportes que realizaban las muchachas y señoras españolas:
La afición de éstas a toda clase de ejercicios se viene manifestando ya. Dominan, como hemos dichos otras veces, el tennis y el golf; montan a caballo en la Venta de la Rubia, patinan, montean, cultivan el skis y el bobsleigh, especialmente cuando van a Suiza, y también en el Guadarrama, que les depara excelente ocasión para ejercitar el alpinismo.
Igualmente, en ese mismo año, dicha revista nos mostraba los avances en moda de trajes para deporte procedentes de Viena que podían utilizarse en las temporadas estivales, ya en números anteriores habían expuesto los destinados al deporte invernal. El inicio del artículo ya nos indicaba claramente la opinión de la autora, Claire Patek, respecto a la adopción por parte de las mujeres españolas de las propuestas que se ilustraban: “No se trata de imponer hábitos y modalidades, sino sencillamente de dar a conocer estas creaciones, como pudiéramos describir disfraces de capricho”. Tras un repaso de los cuatro modelos que se nos presentaban, la autora volvía a reafirmarse en su visión negativa de las propuestas plasmadas con las siguientes palabras: “Y ahora, lectora, reflejadas las novedades de la moda, a pensar seriamente en si no será más conveniente que adoptarlas oponerse a esta masculinización de su indumentaria”. Por tanto, vemos como la posibilidad de usar prendas más cómodas para el desempeño de los deportes no sólo era criticada por los sectores masculinos, sino también por parte de las mismas mujeres, que con su opinión negativa obstaculizaban más si cabe el camino de las jóvenes más vanguardistas.
- La mujer y el velocípedo:
Una de las actividades que más desaconsejaron a la mujer fue el uso de la bicicleta, el entonces denominado velocípedo. Sin embargo, esta actividad fue muy del gusto de algunas jóvenes y a finales del siglo XIX se apreció en toda Europa un verdadero “boon”, tanto en hombre como en mujeres, aunque siempre estas en menor proporción que el varón, que dio lugar a que se hablará de la “locura” o “manía” velocípeda.
En los países extranjeros esta práctica por parte de las mujeres se hizo bastante habitual, hasta el punto de que en 1910 se nos anunciaba, tras unos ensayos previos, la creación, en los alrededores de París, de un servicio de correos realizado por mujeres que montadas en sus bicicletas repartirían las cartas.
En España, sin embargo, médicos y moralistas se unieron indicando todas las objeciones que existían para que las mujeres practicaran este deporte. El más perjudicado, en la pubertad, sería el aparato sexual femenino, dado que posiblemente se vería sobre-exitado por esta práctica. Más tarde, cuando la mujer estuviera casada sería inapropiado pues podía poner en peligro al feto, en caso de que la mujer estuviera embarazada, y, una vez tenidos los hijos, sus deberes maternales le robarían todo su tiempo, no pudiendo descuidarlos dedicándose a dichas actividades. Por tanto, según expresaba la prensa a comienzos de siglo, la práctica de la bicicleta se consideraría totalmente prohibida para la mujer, dada las recomendaciones de médicos especialistas en la materia. Así, el ya citado Telmo Luco remitía a la obra de una eminencia al respecto, el doctor Doleris que había publicado una obra titulada Deportes que deben cultivar las mujeres, donde el ciclismo era de los peor parados.
A pesar de toda esta crítica, a finales del siglo XIX se materializaría en la cartelística esta desaconsejada práctica femenina en la obra “Salón Pedal, Carreras Diarias” (1897) de Alexandre de Riquer. Se trata de una obra modernista, estilo que disfrutaba en esos momentos de su mayor esplendor en Cataluña. La presencia de una mujer, siendo el tema tan polémico, debió deberse a la preferencia de este movimiento por los personajes femeninos, no habiendo sido tan adecuado colocar a un caballero con semejante fondo, y, por otro lado, por el deseo de estos nuevos intelectuales de plasmar ese modelo moderno que proliferaba en el mundo europeo, concretamente en la vecina Francia y que los modernistas adoptarían por nuevo y por opuesto al “placido y aburguesado mundo cultural de la Barcelona de la época de la Restauración”. En dicha obra se puede apreciar la adopción de un nuevo tipo de traje que se difundió para facilitar la práctica del ciclismo a las mujeres, los conocidos bloomers, pantalones bombacho fruncidos a la rodilla que tan gran escándalo produjeron por ser una muestra de pérdida de feminidad y, a su vez, por atacar a la moral al dejar las piernas al descubierto.
Un año después, el también modernista Adrià Gual volvería a plasmarnos en “Cosmopolis, Cyclos” a una joven ciclista, menos polémica en el atuendo, que aprovecharía este medio de transporte para realizar animadas excursiones campestres o visitas turísticas en compañía de familiares o amigos.
Anteriormente a estas aportaciones, en 1890, los talleres litográficos Ramírez y García de Málaga nos difundían la imagen de una pareja de ciclistas, hombre y mujer, que descansaban del ejercicio aprovechando para tomar el “Cyclist Brandy”. Mas en este caso la mujer aparece de pie junto a la bicicleta y no en el momento de ejercitar dicho deporte.
Una serie de cromos del dibujante Carlos Vázquez promocionando los jarabes del Dr. Grau “Anemia Hemoglobina” hicieron también uso de diversas escenas deportivas protagonizadas por mujeres. En la nº 5 de la serie se nos mostraba a una experimentada ciclista utilizando la polémica indumentaria de los bloomers.
Tras estas aportaciones, pocas más imágenes se pueden obtener de mujeres ciclistas en España, pues, tanto en el resto de la cartelística de comienzos de siglo como en la publicidad, no hemos hallado otros ejemplos donde el género femenino aparezca como protagonista de dicha actividad. No sucedía igual fuera de España donde el icono se siguió difundiendo.
- Las nadadoras:
Si la bicicleta causo cambios en el vestuario, siendo atacada por moralistas, ya podemos imaginar lo que supuso la práctica de la natación y la afluencia de bañistas a las playas en una época en que se empezó a debatir sobre la conveniencia o no, en función de salud, de los baños en el mar. Numerosas son las noticias que podemos hallar en referencia a dicha actividad en las revistas de la época, a la vez que su plasmación por medio de fotografías, pinturas o dibujos.
Uno de los temas más polémicos fue el tipo de traje de baño a usar. De América comenzaron a llegar modelos, plasmados en fotografías, que provocaron la rápida reacción de los españoles, temerosos de que nuestras mujeres pudieran adoptarlos. Así, en 1924, la revista La Esfera nos mostraba las creaciones para playa llegadas de Nueva York que eran calificadas de exhibicionistas, considerando que incluso “hará retroceder á la más atrevida nayade de las playas francesas”. Dichos bañadores eran de tejidos totalmente ceñidos al cuerpo, con generosos escotes y dejando los brazos y piernas totalmente al descubierto. También el cine norteamericano nos dejaba imágenes de bañistas en los estrenos de la época con modelos de idénticas características.
En el año 1922, en la revista La Unión Ilustrada de Málaga, las cronistas de moda españolas, por el contrario, recomendaban un modelo bastante más decente, donde las piernas quedarían totalmente cubiertas con unos calzones que quedaban sujetos con unos elásticos por encima de la rodilla, llegarían hasta la cintura donde se sobrepondrían a un corpiño con mangas que cubriría la parte superior. Además, sobre dicho conjunto se dispondría una túnica que quedaría ceñida a la cintura con un cinturón (de cuero, de seda o del mismo tejido de la túnica) que se pasaría por unas presillas cosidas a la túnica. Se pedía que el cuerpo gozara de libertad de movimiento con este atuendo, aunque siempre que no se pusiera en peligro la virtud de la joven. Se huía de los extremos yanquis que habían puesto de moda el mostrar toda la pierna al descubierto. Por tanto, España importaba la moda de la natación, pero poniendo todo tipo de restricciones a los modelos empleados para dicha actividad. Pero, curiosamente, en ese mismo año y publicación, otra cronista animaba al uso de determinados modelos (“trajes de baño adornados con guirnaldas de flores de goma”) por considerarlos seductores, es decir, que la intención en este caso era que se usaran los mismos para captar el interés del publico masculino.
Las revistas ilustradas nos mostrarán en fotografías a jóvenes nadadoras, decentemente vestidas, que participan en competiciones veraniegas o nos dejaran bellas estampas del aspecto de las playas españolas, donde podemos observar el uso de los modelos recomendados en nuestra nación.
La bañista se convirtió en un icono bastante utilizado para la publicidad de muy diversos productos, sobre todo los destinados al cuidado del cuerpo. Al generalizarse la moda de los baños de mar, jabones como “La Toja” o Heno de Pravia mostraban a muchachas que acababan de salir de ejercitarse entre las aguas y les recomendaban el uso de esos productos para recuperar la suavidad y fragancia que la piel perdía con el agua salada, tornándose áspera. Igualmente, el mayor lucimiento del cuerpo que suponía los baños de mar fue aprovechado por las “Pildoras Circasianas” que aseguraban a las jóvenes unos pechos más desarrollados, bellos y endurecidos en tan sólo dos meses, acompañando estas palabras aparecía una esplendorosa bañista de exuberantes curvas. Igualmente, las mujeres se convirtieron en las destinatarias de los anuncios de la marca “Caracol” que proporcionaba gorros de moda, trajes de baño modelo MADAME X, zapatillas resistentes, etc. y, sobre todo, para las que no sabían nadar, el flotador “Flota” para, entre otras cosas, no hacer el ridículo delante de las buenas nadadoras. También, las cámaras fotográficas Kodak nos mostraban a jóvenes y modernas muchachas que podrían inmortalizar sus momentos de veraneo adquiriendo dicho artilugio. En otros casos, era, como ocurriera con otros productos, la madre de familia la destinataria del mensaje, la cual podría retratar a sus hijos en las playas de veraneo, plasmando así al modelo tradicional de mujer. El Agua de Azahar “La Giralda” también se convertirá en el producto más recomendado para la bañista, en este caso para el cuidado interno, pues ayudaba a compensar el desgaste producido por el ejercicio realizado durante el baño y confortaba el organismo.
En la década de los 30, nuevos y estilizados trajes de baño de la marca Jantzen eran anunciados utilizando para ello imágenes femeninas, solas o acompañadas de un andrógino varón. El producto se anunciaba como el traje de baño internacional, es decir, se trataba de un modelo similar al utilizado en el resto de los países, alejado de los amplios y discretos trajes de la década anterior, que se adaptaba al cuerpo femenino dejando clara muestra de todas sus curvas y encantos.
Pero, no sólo la publicidad comercial difundió esta imagen, también el cartel, que daba a conocer los Balnearios de moda, utilizó a la mujer con traje de baño como reclamo. Así, en 1920 podemos observar dos carteles del Balneario San Sebastián de Barcelona, el cual también nos difundía la prensa de la época, donde las mujeres, solas o en compañía de sus retoños, hacen uso de las piscinas que para la familia ofrecía este establecimiento. Quince años después, en 1935, en unos momentos de mayor libertad social que coinciden con la II República, el destacado cartelista Josep Renau nos presentaría a una escultural bañista inmersa entre las luces y sombras que generaban las piscinas luminosas del Balneario Las Arenas de Valencia. Nada que ver el atuendo de esta joven, con los que una década antes se proponían a las bañistas españolas. Del mismo modo, algunos pintores españoles plasmaron a estas nadadoras, como es el caso del pintor gaditano Felipe Abarzuza que nos presenta a una joven en un interior representada con un traje de baño bastante destapado.
- El “lawn-tennis”:
El tenis fue uno de los deportes mejor vistos para ser practicados por las damas y no se mostró ningún tipo de objeción hacia él en las revistas de la época, dado que el mismo atuendo necesario para su práctica por parte de las mujeres, era bastante discreto y no necesitaba de adoptar pantalones, como el caso de la bicicleta, ni prendas que dejaran el cuerpo muy al descubierto. Una camisa y una falda eran suficientes para poderlo ejercitar. Por esta razón, la revistas nos dejan numerosos concursos de tenis en sus páginas, donde participó hasta la más alta aristocracia. La falta de polémica de esta modalidad deportiva debió ser la razón que llevo a que, junto al golf, fuera de las primeras pruebas con las que la mujer participo en los Juegos Olímpicos (París, 1900).
Del mismo modo, jóvenes tenistas son, nuevamente, el publico destinatario de la publicidad del jabón Heno de Pravia. El anuncio las describe como mujeres modernas de “manos exquisitas, triunfantes por su destreza en los deportes” que tras dicho ejercicio se lavan con el citado jabón que les devuelve la suavidad a la piel. No obstante, tanto éste como otros productos no apostaron por un solo modelo de mujer, pues junto a estas mujeres modernas, también siguen manteniendo el modelo tradicional de madre entregada que vela por la salud de sus retoños. De ese modo, se aseguraban la compra por parte de todos los diferentes sectores. Igualmente, el tenis queda ligado a una mujer con cierto nivel social que es recogida, después de practicar dicho deporte, por un coche de moda, “Studebaker. El coche que se impone”. Finalmente, la tenista fue el objeto de reclamo de la tienda de productos deportivos “Stadium”.
Si el famoso ilustrador Rafael Penagos difundió la imagen de la mujer moderna de los años 20, no podía eludir mostrarla practicando deportes, una de las actividades que estas mujeres introdujeron a su vida cotidiana. Entre otros, las portadas de Nuevo Mundo nos plasman a una tenista en el momento del saque.
- El automovilismo:
El automóvil se convirtió en un medio de desplazamiento ligado a las personas más distinguidas y elegantes. Se popularizo su uso por parte de las señoritas y señoras de la alta sociedad española. Así, en la revista Blanco y Negro de 1925, se nos anunciaba como “el último deporte que ha tentado la curiosidad de las muchachas y aun de algunas señoras” y un año antes La Esfera también dejaba constancia de la pasión que sentían las mujeres por los autos. Aunque ya desde comienzos de siglo algunos artistas difundían esta imagen, como es el caso de Ramón Casas que nos plasma a la mujer conductora en diversas postales y en el cartel de “Auto-Garage Central”, todas ellas de 1903.
Hacia la década de los 20 nos encontramos con numerosas imágenes de mujeres al volante, de hecho automóviles como Lincoln o Sedán Ford se publicitaban mostrando el modelo conducido por una mujer o bien comparando la velocidad del mismo con la de una saeta que curiosamente lanza una andrógina joven, cual moderna Diana, obra del ya citado Rafael Penagos, plasmando así otra modalidad de deporte femenino, el tiro con arco que en 1908 contó con una prueba femenina en los Juegos Olímpicos de Londres.
La práctica del automovilismo sería considerado un símbolo de independencia para las jóvenes, las cuales, según los cronistas, conducirían “coches pequeñitos, pintados de obscuro o de amarillo, de fácil gobierno, y que se portan bien”, es decir coches que no se estropearan con facilidad, pues, en ese caso, sí se veía a la mujer totalmente incapaz de salir del aprieto, si no era con la ayuda de “un automovilista galante...que las ayude a reparar la avería”. Normalmente, la mujer conductora también era aficionada a la práctica del golf y así lo demuestra de nuevo el automóvil Lincoln que queda asociado a un matrimonio que define como “árbitros de la elegancia”. Igualmente, cuando se nos repasa el gran número de conductoras de la alta aristocracia con las que contaban en Madrid (unas cincuenta) se nos citaba a doña Amalín López Dóriga, campeona de golf, que además era capaz de conducir su automóvil “a 60 la hora”.
Estas jóvenes automovilistas se desplazaban solas, sin necesidad de carabina o varón, por lo que, quizás para mayor seguridad o por la costumbre de las jóvenes a ir de caza, suele ser habitual la foto o ilustración de las conductoras acompañadas de un compañero canino.
- Otros deportes:
Junto a estos, otros muchos deportes femeninos podemos ver plasmados con asiduidad. Muy común será la imagen de la mujer desarrollando deportes de invierno, sobre todo el esquí y, ataviada para dicha actividad se convertirá en portada de diversas revistas como Nuevo Mundo.
Otro evento, sobre todo muy frecuente en ciudades costeras como Málaga, será la celebración de regatas durante las estaciones veraniegas. En la publicidad una joven remadora sirve de imagen a Hiposfosfitos Salud e, igualmente, una moderna regatista, obra de Penagos, promociona los ya citados Discos Regal.
También la mujer amazona será imagen habitual y, por ello, se convierte en otro de los iconos plasmados por el jabón Heno de Pravia y, del mismo modo, será portada de Nuevo Mundo gracias a una ilustración de Federico Aníbal en 1921.
Quizás la imagen que podemos considerar más novedosa es la que nos presentaría la Perfumería Gal de su Colonia Añeja. Dicho producto despertaba una sensación de energía, tonificaba los nervios y daba vigor a los músculos, ayudando con todo esto a la realización de cualquier ejercicio físico. La imagen que acompañaba este texto era la de una masculinizada joven, delgada y casi sin pecho, muy en la línea del modelo “garçonne” difundido por Cocho Chanel, que con gran “impulso”, como indica el texto, salta una supuesta valla, que no es otra cosa que el anuncio publicitario de dicha colonia. El anuncio data de 1925 y no sería hasta tres años después, en los Juegos Olímpicos de Amsterdam, cuando por primera vez se incorporara el atletismo al programa de pruebas femeninas.
Concluimos con estas palabras nuestra aproximación a la imagen de la mujer deportista española en las primeras décadas del siglo XX. Vemos como desde finales del siglo XIX dicha imagen se va introduciendo tímidamente en nuestro país, hasta que un par de décadas después se va haciendo cada vez más habitual, quedando así reflejado por medio de la gran abundancia de imágenes que hemos recopilado de muy diversos medios. Otras muchas imágenes más podemos hallar, pero sirvan las ya comentadas como ejemplo de un modelo que se desarrolló en el periodo anterior a la Guerra Civil, gracias a las influencias venidas de fuera de nuestras fronteras, y que, posteriormente, tenderá a desaparecer, siendo sustituido, de nuevo, por el modelo tradicional durante la dictadura franquista.
BIBLIOGRAFÍA:
- CARULLA, J. y CARULLA, A., La Publicidad en 2000 Carteles, vol. I y II, Barcelona, Postelmil, 1998.
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